REVIEW: A forest of wool and Steel (2018) By: Hikari

Toca reseña nueva y nuestra gurú del cine japonés Hikari nos trae "A forest of wool and Steel", la esencia de abordar nuestra búsqueda personal de un lugar en el mundo a través de las notas de un piano.

Probablemente uno de los aspectos que mejor definen la tradición narrativa japonesa sea su escaso interés en abordar las cuestiones esenciales de manera clara y directa. Los creadores
japoneses adoran centrar toda su atención sobre aspectos inocuos y mundanos de la vida para luego jugar a significarlos de manera profunda. Como espectadores vamos a encontrarnos una y otra vez ante un hallazgo inesperado, y es que del mismo modo que un pequeño bonsái es capaz de representar la esencia misma de la naturaleza, igualmente desde lo cotidiano o desde la anécdota es posible abordar lo universal. Este “A forest of wool and Steel”, adaptación del bestseller (2016) “The dream of the lambs” de Natsu Miyashita y dirigida por Hashimoto Kojiro (“Orange”) es un buen ejemplo de todo esto.

Nuestro escenario se sitúa en Hokkaido, al norte del archipiélago japonés, y será el encargado
de sumergirnos en el fascinante paisaje de nieve, bosques y montaña, que más que proveer al
film del entorno apropiado, será un elemento indispensable para contar la historia del joven
Tomura (Kento Yamazaki), un estudiante que a sus 17 años empieza a impacientarse ante el
desafío de encontrar la meta profesional que determinará su futuro. La respuesta a tanta
incertidumbre surgirá de manera casual al presenciar la labor de afinación para la puesta a
punto del piano de su escuela. En ese momento Tomura descubre a través del sonido que surge
al pulsar de cada tecla, todo un escenario sonoro que lo conecta directamente con la
naturaleza transportándole con cada nota hacia el olor de los árboles que se mecen con el
viento en lo más profundo del bosque. A través del recorrido de este bosque de lana y acero
(componentes esenciales en la construcción de un piano) nuestro protagonista abordará su
búsqueda personal de un lugar en el mundo.

Los entusiastas de la obra original aseguran que la película no consigue la misma profundidad
que la novela, y no lo dudo. No es una película perfecta y en realidad diría que apunta ideas de
calado emocional tan profundo que apenas logra superar el esbozo con cada una de ellas. Con
todo, se las arregla para dejar fluir a modo de pequeñas piezas musicales la composición
psicológica de cada personaje que se irá construyendo con la misma determinación con las que
se van pulsando las teclas del piano. Estas pequeñas piezas nos hablarán de ambición, de
frustración, de celos, del miedo al fracaso o de la pérdida. Joe Hisaishi hará acto de presencia para firmar, una vez más, una banda sonora que funciona a modo de envoltorio perfecto.

Para los espectadores que entienden el cine exclusivamente como entretenimiento, al igual
que para los entusiastas del etnocentrismo (si es que tal especie existe en el entorno asiático),
la película no se lo va a poner fácil a la hora de tener que lidiar con las motivaciones personales
de cada personaje, entender su firme determinación en la toma de decisiones o sobre todo en
su manera al abordar un particular concepto de “talento”, bastante alejado de nuestra propia
perspectiva cultural. Para bien o para mal, tendremos que echar mano, al menos en cierta
medida, de un contexto. Las estructuras de jerarquía de senpai-kohai, tan radicalmente
intrínseca a la propia identidad de la sociedad japonesa y que rige cada una de las relaciones
sociales, o su lógica cultural del esfuerzo y la perseverancia, junto a la escasa tolerancia frente
al fracaso y al error no se van a poder obviar fácilmente sin diluir todo el contenido de la obra.
Para compensar a los más perezosos, es necesario señalar que el ambiente generado a base de
vincular de una manera tan íntima los fascinantes paisajes naturales de Hokkaido con la
conmovedora música del piano resulta tan evocadora y tan fascinante en si misma que solo
con esto ya podríamos disfrutar la película aunque no nos ofreciera nada más. Un último apunte para hablar del papel protagonista interpretado por Kento Yamazaki, y antes de nada vamos a recordar que el actor anduvo por el 2017-2018 inmerso en sus propias dudas en cuanto a su futuro y su carrera profesional. Entonces trascendió el enfrentamiento con su propia agencia para conseguir rodar esta película porque al parecer, no resultaba un proyecto interesante para los objetivos de explotación comercial del popular actor que perseguía la compañía. Después vino el anuncio público de la película y entonces tocó enfrentar el rechazo de muchos entusiastas de la obra original que estaban molestos con su elección para el papel protagonista, “esta no es la historia de un chico guapo”, “no encaja para nada” fueron por entonces comentarios recurrentes. Creo que sentí casi satisfacción cuando finalmente pude apreciar la profundidad y sensibilidad únicas con las que fue capaz de dotar a su personaje. Sin duda una de las grandes virtudes de la película.

Lo injusto que resulta condicionar a las personas en función de su apariencia, juzgar lo que
alguien puede hacer o no “por la cara”, no era una propuesta de la obra original. Nos vino de
regalo con el actor y se lo tenemos que agradecer. De todo se aprende.

TRAILER


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