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Historia del cine hongkonés - Parte 3 -.

Heroic Bloodshed

Seguimos con el artículo que escribió Nuria Álvarez Macías para - The Cult -

A partir de los años ochenta, el cine de acción de Hong-Kong ha contado con seguidores en todo el mundo y sus principales creadores pronto llegaron a Hollywood. Así sucedió con John Woo, director de A better tomorrow (1986), The killer (1989), Bullet in the head (1990), Once a thief (1991) y otras películas donde su protagonista habitual, Chow Yun Fat, participó en complejas coreografías visuales donde se alternaban explosiones, acrobacias y disparos, por lo común filmados a cámara lenta, con grandes alardes de iluminación.

John Woo y Ringo Lam son los dos exponentes más claros de esa edad dorada surgida a finales de los años ochenta, denominada por muchos críticos como el nacimiento del heroic bloodshed.

¿Qué se esconde tras este término? Principalmente es un género, dentro del thriller, genuinamente hongkonés. Se caracteriza porque sus héroes están al margen de la ley, pero prevalecen sobre ellos los sentimientos de honor, lealtad, amistad y justa venganza. Estilísticamente suele ir acompañado de una orgía de tiros y ráfagas de ametralladoras, siempre con la finalidad de obtener un “derramamiento de sangre heroico”. Y es que ésa es la traducción literal del heroic bloodshed.

Llegados a este punto, vamos a retroceder unos años. En concreto, tras la caída de Shaw Brothers. A finales de los años setenta, que es donde otros especialistas ubican el nacimiento de la Primera Ola del cine hongkonés.

Ese es un proceso generacional debido a una serie de figuras surgidas, en su mayoría, del mundo de la televisión. De hecho, transformaron y redefinieron su cinematografía. La nueva ola mostraba una realidad mucho más cruda, con una aproximación prácticamente de docudrama, y derrochaba una sencillez estilística que pasaba por su formación televisiva.

La experimentación en los encuadres, la sencillez y agilidad del montaje, la cuidada planificación secuencial acercaban al espectador a historias mucho más reales, con un tono muy directo, valiéndose de argumentos cercanos, donde se quería expresar quizá una denuncia social, pero nunca bajo el manto del proselitismo.

 
¿Qué películas surgen de este movimiento? Por ejemplo, Don´t play with fire (1980) de Tsui Hark, The boat people (1982) de Ann Hui, Man on the brink (1981) de Alex Cheung, y Long Arm of the Law (1984) de Johnnie Mark.

En un completísimo artículo (“Panorámica del cine negro y policíaco de Hong Kong”, en Asia negra al estilo oriental, T&B, 2007), otra estudiosa, Beatriz Martínez, señala que Long Arm of the Law marca la transición entre la Primera Ola y la edad dorada del cine de Hong Kong.

La película se centra en un grupo de delincuentes originarios de la China continental que planean un robo en una joyería de Hong Kong. Para ello tienen que cruzar la alambrada que los separa de la colonia británica, y eso se muestra con toda la crudeza. De hecho, dejan a un compañero en el camino. Hong Kong representa para ellos el gran sueño en el que, enloquecidos por la novedad, perderán paulatinamente su inocencia.

En el desenlace, se narra la implacable persecución policial donde los agentes les cercarán como a ratas, concluyendo así con unas vidas condenadas desde su comienzo. A través de un estilo directo, con escenas muy efectistas, el espectador asiste a la hermandad de un grupo de amigos, que ante todo representan su lealtad y camaradería, como si de un incipiente heroic bloodshed se tratara. Johnnie Mark muestra a Hong Kong como tierra de oportunidades perdidas, más que de sueños por alcanzar.

Tengo muchísima curiosidad por un clásico de Ann Hui, The boat people (1982). Por su acercamiento al mundo de los refugiados vietnamitas, por su crítica al escaso apoyo recibido de Hong Kong, y también en un segundo plano, por ser la primera película de Andy Lau, tras su etapa televisiva.

John Woo

Tanto John Woo como su compañero Tsui Hark, director de Once upon a time in China (1991), se desplazaron a Estados Unidos para rodar sus primeros proyectos con actores anglosajones. Lo mismo pasó con Ringo Lam. De Hecho ambos directores han trabajdo con Jean Claude Van Damme.

Cuando queremos hablar sobre el trabajo de John Woo, casi siempre nos vienen las mismas palabras: violencia coreografiada, violencia armonizada, figura del héroe con conflictos morales y éticos, elección entre el bien o el mal, orgías balísticas, movimiento acelerado y en ralentí, composiciones pirotécnicas... y todo eso es cierto.

El caso es que John Woo también es algo más. La Primera Ola trajo tal crudeza, que cineastas como Woo creyeron necesario que la noción de entretenimiento debía primar sobre la del realismo descarnado.

Por eso las imágenes de Woo son exhibicionistas más que reales, y sus héroes, sobreactuados, están diseñados para mostrar el pathos humano, acentuando el sufrimiento, la existencia humana, y la lucha por alcanzar unos valores éticos.

La película de Woo que se presentó como un revulsivo fue A better tomorrow (1986) con Chow Yun Fat, su actor fetiche, a la cabeza del reparto. Con esta película, Woo asombró a la ex colonia, y también asombró al mundo. Es más, A better tomorrow se convirtió en un film bisagra dentro del nacimiento de un nuevo género cinematográfico, del que el cine hollywoodiense ha bebido tantas veces.

A pesar de ello, y aunque creamos que Woo solamente repite un modelo, es de justicia hacer un balance de dos películas en las que incluye unas ligeras innovaciones. Me refiero a Una bala en la cabeza (1990) y Hard Boiled (1992).

La primera, realizada un año después de los sucesos de Tiananmen, nos presenta la mirada inocente de tres muchachos que, a pesar de vivir en un ambiente de violencia e incertidumbre, mantienen sus ilusiones y sus esperanzas en un futuro mejor. El fuerte pesimismo que plasma Woo hará que el destino fatalista de nuestros tres protagonistas les lleva directamente hasta Vietnam, en pleno conflicto bélico. Para uno de ellos, esa huida a Vietnam significa la búsqueda de fortuna. En cambio, para los otros dos implica el reflejo de la amistad y la lealtad, dos virtudes muy del gusto de Woo.
La gran diferencia de Una bala en la cabeza es que, en esta ocasión, John Woo no saca a sus personajes del tormento. Esta vez, el honor y la amistad no redimen a los héroes. Es la realidad social la que los ahoga y no les deja salir.

Desde el comienzo, todos se encaminan a ese infierno que Woo describe una vez más con un exceso de acrobacias, fuegos y orgías de tiros. Para su desgracia, en esta ocasión se quedan en él. Un abismo en el caen los héroes, un pozo de dolor en el que da igual que uno sea una persona templada (como el personaje de Tony Leung Chi Wai) o histriónica (Jacky Cheung). Al final, la fraternidad y la propia vida se pierden en esta lectura pesimista de la sociedad.

Quizá por este fatalismo la película tuvo un recibimiento frío por parte de los espectadores. No sucedió así en Hard Boiled, con la que Woo volvió por sus fueros argumentales.

A John Woo se le han criticado muchas cosas. Entre ellas, la de ensalzar a los mafiosos de la tríada. Es verdad, pero con Hard Boiled quiso ponerse al lado de la ley y de la justicia. La historia de Tequila (Chow Yun Fat como policía) y de un joven policía infiltrado (Tony Leung Chi Wai) revela cierta fe en un futuro positivo para la colonia, que por cierto dejó de ser británica unos años más tarde.

Lo que no se puede negar es que John Woo creó un modus operandi que ha marcado la referencia para la cinematografía internacional y las pautas de un nuevo cine de acción

Ringo Lam

A Ringo Lam le debemos una cinta tan carismática como City on fire (1987). Con ella se unió al heroic bloodshed, situando esta vez a unos personajes duros, incluso nihilistas, en un contexto de naturaleza explosiva.

En esta película, la ciudad de Hong Kong se asemeja a una jaula que contiene una bomba de relojería con unos personajes a punto de estallar. No obstante, Ringo Lam no se preocupa por adentrarse psicológicamente en sus protagonistas (Chow Yun Fat en el papel de policía encubierto, y Danny Lee como el mafioso especializado en robos). Simplemente, nos presenta estereotipos de hombres duros, unidos en su fraternal camaradería. Tipos que perderán sus motivaciones morales.

Pero siendo consciente de la importancia histórica y estilística de esta cinta, a mí, particularmente, me llaman la atención dos películas dentro de la filmografía de Ringo Lam.

La primera, Full Allert (1997), sorprende por ese duelo interpretativo entre Lau Ching Wan y Francis Ng (dos de los grandes actores del star-system hongkonés), y segundo, por la maravillosa planificación de escenas y su ágil montaje. De nuevo, los protagonistas que maneja Lam son un policía y un ladrón, unidos por esa extraña línea –tímidamente definida– entre el bien y el mal.
La otra película que me interesa, The victim (1999), resulta muy curiosa en su filmografía. A pesar de mantener esas constantes de Lam, se aproxima en mayor grado al suspense.

El éxito de Woo y Lam fue tal, que Hollywood los llamó a filas y ellos gustosamente hicieron sus maletas. Pero los resultados no fueron todo lo satisfactorios que ellos esperaban.

 
Creo que no me equivoco al afirmar que los mejores trabajos de Woo y Lam se han hecho en Hong Kong. Prueba de ello es que ambos han vuelto allí para continuar su carrera. Sin ir más lejos, John Woo volvió para rodar Acantilado Rojo, cinta basada en el clásico de la literatura china El romance de los tres reinos, de Luo Guanzhong. Se trata de una cinta épica, que narra las luchas entre clanes en la China del siglo III.

Por su parte, Ringo Lam se centró en la preparación de una película titulada Triangle, en la que compartía las tareas de dirección ¡nada menos! que con Tsui Hark y Johnnie To.

La película estructurada en tres partes fue comenzada por Hark, la desarrolló Lam, y To puso su toque final.

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